Panamá: Sendero seguro dentro de la peligrosa selva

Panamá, (PL) El cartel de la entrada que alerta “Precaución cocodrilos”, hiela la sangre al forastero, pero ver caminar indiferente a un niño y su mamá, hace regresar “el alma al cuerpo”, mientras una búsqueda inútil en las aguas no avista el riesgo.
En el lago artificial Brazo Camarón los cocodrilos reposan en una suerte de santuario, adonde son traídos para su protección, y cuando las compuertas se abren, nadan libres hacia el cercano Canal de Panamá, mientras tierra adentro un trillo escarpado serpentea las apacibles, pero peligrosas aguas.
Este sendero conocido como El Guardaparque, está enclavado en el Parque Nacional Camino de Cruces, una ruta transístmica creada por los españoles en 1530, que combinó la navegabilidad del río Chagres desde su desembocadura en el Atlántico hasta cerca del nacimiento, y de ahí el tránsito continuaba por tierra.
Una estrecha carretera, bautizada con el nombre del líder Omar Torrijos Herrera, se adentra en la jungla de la cuenca de la ruta fluvial y bordea sus aguas, desde la capital panameña hasta la división con la vecina provincia de Colón, y permite llegar sin dificultad hasta el sinuoso sendero de El Guardaparque.
La tupida selva con pequeños claros fue antaño campo de entrenamiento de militares estadounidenses, cuando durante un siglo ocuparon esta franja en ambos lados de la ruta interoceánica, por eso de tramo en tramo algunas obras de ingeniería facilitan el cruce de una quebrada o la escalada.
Tal vez aventurarse en un sendero peligroso ofrece un atractivo turístico al circuito, donde los paisajes de la frondosa selva en combinación con algunas limitadas vistas al lago, son el regalo a quienes se adentran en el monte, en el que empinados ascensos y descensos sacan el sudor, aunque el sol apenas castiga.
El premio a quienes logran remontar la suave, pero inclinada elevación es un mirador natural frente a un tramo del canal transoceánico con grandes buques y remolcadores, mientras cerca, las centenarias esclusas Pedro Miguel muestran el ingenio tecnológico de la vía.
De regreso al punto de partida, el caminante compensa el cansancio con la satisfacción de un breve recorrido por este pedazo de jungla, en la cual contemplaron la floresta y algunos animales asomados entre las ramas. Mientras, la comodidad de la urbe capitalina se alcanza en solo minutos.
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