Guatavita, gran esmeralda en las montañas colombianas

Bogotá (PL) Comparada con una esmeralda en medio de los Andes, la deslumbrante laguna de Guatavita resulta un regalo sin par para aquellos intrépidos que deciden ascender por una empinada montaña entre sinuosos pasajes hasta sobrepasar los tres mil metros de altura.
Atraídos por la fama de la leyenda del Dorado, colombianos y visitantes foráneos llegan hasta la falda de la elevación con la esperanza de conquistar su cima no obstante el riesgo que representa el largo ascenso escuchando apenas las instrucciones de los guías y los acelerados latidos del corazón.
Pero el verdadero desafío radica en subir sin tropiezos los 150 escalones finales que conducen al lago por un angosto pasadizo rodeado de árboles, intentando no conversar con los compañeros de viaje para reservar fuerzas.
Una vez frente a Guatavita su belleza compensa todos los miedos y el cansancio.
Según la tradición oral, por sus aguas navegaban los caciques muiscas cada 21 años para ofrendar a los dioses de las profundidades oro, esmeraldas y cuarzo.
En la ceremonia de coronación el líder nativo cubría su cuerpo con polvos del precioso metal poco antes de subir a una lujosa barca.
Aunque habitantes de la zona aseguran que tal rito tiene un origen romántico, pues supuestamente un cacique arrepentido agasajaba a su esposa, la princesa Guatavita, quien luego de enamorarse de otro guerrero y ser condenada por eso decidió arrojarse a la laguna con su hijo en brazos.
Escrutado por buzos profesionales sólo hasta los 25 metros de profundidad, el lago despierta la curiosidad de científicos locales y de otras naciones, empeñados en descifrar si tuvo una génesis volcánica o fue formado por el impacto de un meteorito, ambas hipótesis sin confirmación hasta ahora.
* Corresponsaesl de Prensa Latina en Colombia.
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