El Mont Saint Michel, un viaje a otros tiempos

París (PL) A veces unido al continente por una superficie arenosa y húmeda, otras completamente aislado y rodeado de agua, el Mont Saint Michel emerge en el norte de Francia como un milagro de la vida, una estocada de la naturaleza que nunca deja de sorprender.

Ubicado en la región de Normandía, se trata de una roca enorme con una superficie de unos tres kilómetros cuadrados, en la cual comenzó a construirse una abadía en el siglo VIII dedicada al arcángel San Miguel, cuya representación en oro macizo corona la cima de la edificación medieval.

Con el paso del tiempo fueron surgiendo nuevas edificaciones y viviendas en torno al monasterio hasta que se conformó el pintoresco pueblo de la actualidad.

La urbanización se concentra en torno a un sinuoso callejón central surcado por pequeñas callejuelas, con casas de piedra o rocas que parecen sacadas de un cuento de caballeros medievales.

En solo tres kilómetros cuadrados se concentran tantos atractivos que el Mont Sain Michel recibe cada año más de tres millones de turistas.

Extranjeros y franceses acuden en masa para admirar la impresionante abadía sobre una roca, la arquitectura medieval, el encanto de un pequeño pueblo atrapado en el tiempo y habitado por solo 39 personas.

También sobresalen las delicias de la gastronomía normanda, que incluye tartas, crepes, sidra y los frutos del mar, tan frescos, que llegan a la mesa todavía bañados con el agua salada.

Pero, sobre todo, el turista quiere ver las mareas, cuando una vez al día el mar se recoge para dejar el entorno, el monte, complemente al descubierto y, en una segunda ocasión, regresa para rodearlo y convertirlo en una isla.

* Corresponsal de Prensa Latina en Francia.

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